
Esta mezcla de repulsión y atracción ha sido investigada por antropólogos, primatólogos, psicólogos y otros científicos de distintas áreas, pero hasta ahora poco se conocía sobre los peligros que estos animales suponían para los extintos homínidos y los seres humanos que actualmente viven de forma prehistórica como cazadores recolectores.
El motivo es que las serpientes se tragan a las víctimas enteras y no dejan fósiles como sí lo hacen los cocodrilos u otros mamíferos carnívoros. Además, los escasos estómagos de serpiente fosilizados encontrados no contienen primates y los casos de ataques de constrictoras a seres humanos en zonas rurales son anecdóticos.

